Perdio Contra los Zetas…

* La Prieta
Estaba fuera del país. Por eso no fui a escucharla, a verla, a presenciar una vez más el linchamiento orquestado en su contra. Porque eso es lo que vive “La Prieta” desde que escuchando mi consejo se presentó a su oficina en Oaxaca sabiendo que la esperaban unos agentes, compañeros de ella, para “presentarla” en la Ciudad de México.
Quien nada debe, nada teme insistí ante ella al desayunar juntas. Estaba cierta, como lo estoy ahora, de su inocencia. Me constaba, primera persona del singular, que la comandante María del Carmen Lavin no estaba metida en la muerte de los agentes de la AFI y, menos todavía, en la inmoral protección “oficial” al narcomenudeo que sigue siendo el pan de cada día en Cancún.
Lo supe siempre. Tanto como sus negativas a prestarse al juego de otros agentes de la AFI, o sus problemas de carácter que la tenían “castigada” en Oaxaca donde su jefe inmediato insistía en contarme que no había como “joderla” porque trabajaba bien, porque daba resultados, porque detenía a la gente y ponía orden en el pequeño pueblo donde vivía.
En esos días, diciembre del 2004, Carmen venía a la capital, Oaxaca, donde vivía una crisis femenina que pacientemente compartía. Me escuchaba paciente y luego se iba a misa, porque en eso exagera de siempre, en su “mochería” que se ha convertido en su mejor apoyo estos, largos, meses en la cárcel.
Una y otra vez, con la infinita cercanía cariñosa que nos tenemos, le había dicho a José Luis Santiago Vasconcelos que había escuchado como “La Prieta” le decía al entonces coordinador de despliegue regional de la AFI, Rodolfo de la Guardia, que la iban a matar “Los Zetas” por no entregar la plaza de Cancún.
Para mí eso, entonces y ahora, había sido la mayor, mejor garantía de su inocencia.
Por eso la mandaron a Oaxaca semanas después. Por eso y porque estorbaba intereses muy fuertes.
A lo largo de este tiempo, ya más de dos años, he ido varias veces a Mérida, a la cárcel, a visitarla. Como también lo hice durante su arraigo en la ciudad de México. Para mi sorpresa “La Prieta” se ha mantenido sana, emocional y físicamente, tranquila, confiada en su dios, esperando que la justicia sea algo más que una palabra muerta.
Este martes 20 de marzo, día en que oficialmente entró la primavera a nuestras vidas afortunadas, llegó a Cancún para carearse con varios testigos protegidos. Insisto en que me hubiese gustado estar presente para ver el cinismo de quienes la acusan.
El sistema de justicia mexicano, lo ha dicho innumerables veces Alejandro Gertz Manero, está al servicio de los poderosos. Sean en poder político o en dinero. No es el caso de la comandante Lavin. Quienes protegen el narcotráfico, el narcomenudeo (no es lo mismo, conste) en Quintana Roo siguen libres, muchos de ellos bajo el amparo de una placa policíaca.
La señora Lavin no ha tenido la fortuna de contar con un abogado suficientemente versado en las artes de la transa que permite alcanzar la libertad en poco tiempo, como los narcomenudistas que una y otra vez son detenidos en Quintana Roo para ser puestos en libertad pocas horas después. Tampoco tiene, tuvo en su momento la protección de los policías municipales, estatales y federales que permiten, mero ejemplo, la impunidad de quienes lanzaron granadas contra el diario Por Esto.
Supongo, esta es la realidad, que seguirá en la cárcel por mucho tiempo. Al juez que lleva su causa le será imposible estudiar, siquiera leer su caso en pocos días. El juicio se ha retrasado inmoralmente, digamos que apenas comienza. En cuanto a su importancia no es mayor que una raya en las estadísticas de lo que está mal en el país.
Mientras tanto ella reza, lo que le permite un salvoconducto excepcional en sus días en prisión, hace amigos, habla por teléfono cuando alguien le regala tarjetas para pagar por estas llamadas, y espera. Yo, en cambio, recuerdo siempre la mañana en el hotel “Four Seasons” de la Ciudad de México, frente al impecable mantel almidonado y los cubiertos de plata, cuando la escuché afirmar que los Zetas la iban a matar por no convertirse en cómplice, en protectora de ellos y sus intereses… Yo, mientras tanto, insisto en consignar públicamente el poder infinito de este grupo de mugrosos que un día pagarán sus culpas ante quien corresponda…

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