Espino Pretende Llegar a los Pinos

* El Foxismo Quiere Someter a Calderon
Nada, absolutamente nada, en la conducta pública de Manuel Espino es casual o puede contabilizarse a la ingenuidad. Antes al contrario, dirían en el pueblo que se quiere pasar de lagarto… para decir lo menos.
La agresión cierta, cotidiana, del líder del PAN al primer mandatario es parte de una estrategia, armada y sostenida por la extrema derecha dentro de ese partido, para llegar al poder. Para ganarse desde hoy la candidatura presidencial y continuar el proyecto foxista, o la falta de proyecto político del anterior Presidente que permitió la incumbencia de estos en decisiones del poder.
Estamos hablando de un tema serio. Porque se trata de entregar, todavía más, el país a lo más cercano al fascismo y lo reaccionario.
Manuel Espino ha gritado a los cuatro vientos que no es incondicional de Calderón, ha expresado su presunta “independencia” como parte de esta precampaña presidencial que, a unos días de la complicada llegada al poder del actual mandatario, copia al foxismo. Ha incorporado a personajes tristemente destacados del sexenio anterior a la cúpula de mando del partido, precisamente, para éste objetivo.
De ahí viene su beligerancia pública que le ha ganado tantos espacios en los medios de comunicación. Y su majadería, para llamarla de alguna forma, con el primer mandatario.
También esto explica la incorporación, vaya que da vueltas la vida, de Carlos Salomón Cámara, exvocero de Ernesto Zedillo, extitular de la Lotería Nacional, exaliado de Manuel Camacho Solís y tantas otras cosas más, a su equipo como “consejero político y de comunicación social”.
Vaya que piensa en grande Espino.
Lo preocupante, para millones de mexicanos, es que también cuenta con el respaldo económico de los dueños del capital. De las mentes más obcecadas y rancias a imaginar, para quienes incluso el mismo Calderón es sinónimo del liberalismo.
Aquí estaría, mero ejemplo, la explicación del manejo tramposo de la elección interna en Yucatán donde el PAN se puso al servicio de los peores intereses económicos, incluso relacionados con el narcotráfico, del gobierno de Patricio Patrón, haciendo a un lado a la candidata natural, militante convencida y gran activista, Ana Rosa Payan.
Esta ambición de poder, este reagrupamiento de intereses nefastos a su alrededor, incluida obviamente la señora Marta que sigue manejando como títere al todavía marido, estuvo a punto de echar por tierra la visita oficial de Calderón Hinojosa a España.
Espino con una majadería que ronda lo patán declaró en contra de la política antiterrorista del presidente español, de izquierda obviamente, José Luis Rodríguez Zapatero, lo que fue publicado por un diario español de esa misma tendencia ultraderechista a la llegada de la comitiva mexicana. Obligando a una disculpa pública, bochornosa, por parte del mismo Calderón.
Y aquí puede haber rebasado ya una línea. Porque su conducta como líder del mismo partido en que milita, desde siempre por cierto, el primer mandatario no puede ser contabilizada de manera ajena. Hace, forzosamente, corresponsable de sus pifias y de sus “fobias” al gobierno de la República.
Una cosa es el ridículo, tema para gacetilla chismosa, del supuesto regreso de Vicente Fox invitado precisamente por el PAN, y otra muy distinta meterse en política exterior mexicana rompiendo reglas establecidas desde hace muchos años. Se debe ofrecer respeto a cuestiones internas si, como es indispensable, es lo que exigimos de otras naciones.
En resumen, en pocas semanas, muy pocas, el principal problema de Calderón Hinojosa lleva las siglas del PAN y los colores azules que aprendió a reverenciar en su casa paterna. Como líder político de millones de mexicanos, como habitante de Los Pinos, le corresponde resolver este problema antes que cualquier otro en aras no solamente de la gobernabilidad sino de la más elemental razón de poder, de mando estructurado y cierto.
El buen juez por su casa empieza, y si el PAN encabezado por Espino no se asume como copartícipe del gobierno de Calderón ellos son los que sobran. Esta realidad es reto y oportunidad para probar la capacidad de negociación política pero, sobre todo, insistiré en ello, de ejercicio del poder de Calderón. Si pierde la figura aquí el costo será altísimo para los muchos años que están por venir…

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