Robles, la invitada incómoda

Rosario Robles y EPN. Foto: EspecialMéxico, 26 de abril.- El renacimiento excepcional de Rosario Robles se debió a una “invitación”, amable e intencionada, que le hiciera Peña Nieto antes de tomar posesión. Y así, como alguien a quien se le otorgan especiales atenciones por llegar a tu casa, ha sido tratada sin importar sus pifias.  O, si se prefiere, su incapacidad para prevenir.

No es la primera vez que a la señora Robles la derrota su candor, su incapacidad para descubrir la realidad que tiene encima cual montaña.  Sobran testimonios, al paso del tiempo, de las formas en que mentes mucho más aviesas que la suya la engatusaron. Pecado mayor de ingenuidad con la edad.
Aquí le ganó no el gobernador Duarte sino la inercia.
Esa obviedad del contubernio entre el gobierno y el PRI en algunas entidades federativas que nos remiten a un país muy lejano.  Usos y costumbres arcaicas que, además, no dan resultados electorales.
Porque no se puede olvidar que en Veracruz, pese a todos los recursos que se utilizaron, el PRI perdió la elección presidencial. Hasta para comprar votos se necesita talento.
Rosario Robles cerró los ojos.  Una vez más en su vida.  Y tal parece que decidió no escuchar voces como la de Ramón Sosamontes.
Es que era tan previsible lo que iba a pasar si no supervisaba, si no metía las manos, si no tomaba control de su dependencia en las entidades con elecciones en las próximas semanas. Especial en Veracruz.
Por eso el trato presidencial es tan generoso.  Si alguien sabe de qué lado mascan las iguanas de su partido es Enrique Peña Nieto.
Inmensa torpeza del gobernador Duarte que se traduce en una cascada de tonterías supinas de sus colaboradores. Sin medir la inteligencia extrema de sus enemigos Yunes.  Porque ni siquiera lo hicieron con perspicacia criminal.
Y eso es lo que lastima a la sociedad, a los partidos, al mismo PRI, una obviedad incalificable. Lo que generosamente se puede calificar como inmensa estupidez.
¿Hace bien el Presidente Peña en defender a la señora Robles?  Insisto en la respuesta: Es su invitada.  Uno no cuestiona ni lapida a los que trae a su casa.
El tema, seguro, es Javier Duarte.  No deben medirse mal la paciencia, la capacidad política y liderazgo de Peña Nieto.  Hay que apechugar con los bueyes que ya estaban en el Ejido Político.  Sí, pero hasta cierto límite.
Y, tendría que estar en claro para millones de mexicanos a estas alturas de la historia, Enrique Peña Nieto no se parece ni remotamente a sus antecesores panistas.
Le corresponde, junto con Osorio Chong, componer el cochinero veracruzano, cobijando a su colaboradora y apelando a negociaciones con los partidos, mientras se cuentan ya las horas de permanencia en el poder de Javier Duarte que, en ese viejo estilo priísta, debería estar ya consultando los tiempos de su renuncia, tal vez por “motivos de salud”. Sí, de salud mental…
Isabel Arvide
isabelarvide@aol.com
Estado Mayor 

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