La Guerra de Chiapas se perdió en mayo de 1993

EZLN. Foto: EspecialMéxico, 1 de enero.- Todos escriben, opinan, gritan sobre Chiapas con el pretexto del 20 aniversario de la guerra de Chiapas. Todos menos sus principales protagonistas: los militares.
La Sedena ha sido omisa durante estos 20 años en contar su propia historia.
Más allá de los testimonios periodísticos, una carpeta publicada en privado por el general Antonio Riviello cuenta una parte de lo que sucedió en esos meses.  Solamente una parte por prurito institucional.
No existen otros testimonios.
Cuando el general Guillermo Galván Galván le preguntó al general Miguel Ángel Godínez Bravo, que fue el jefe militar a cargo de la operación de ese conflicto bélico, si tenía memorias, si había escrito algo durante esos días, mi general le respondió que todo el material que tenía estaba en el contenido de mi libro “La Guerra de los Espejos”.
Yo fui la única civil, periodista, en los cuarteles militares durante esos días de Enero.
Por lo tanto en este enero pensamos en EstadoMayor.Mx que es importante compartir algunas páginas de este libro para que no gané el silencio.
A continuación:
El descubrimiento del EZLN.  Frente a la evidencia, Salinas de Gortari ordenó que los guerrilleros no existieran
El general Antonio Riviello convalecía de una intervención quirúrgica, todavía con el suero puesto, en su cama del Hospital Militar, donde estaban prohibidas las visitas.  Finalizaba mayo de 1993, un mes muy caliente en todo sentido.  Hasta ahí llegó la llamada del jefe de la VII Región Militar.
Miguel Ángel Godínez venía directamente del lugar, después conocido como Las Calabazas, un paraje muy apartado e la Sierra de Corralchem (en el Municipio de Ocosingo) donde a partir de un enfrentamiento del día 22 se había descubierto el mayor campamento guerrillero imaginable.  La situación era de verdadera emergencia, tanto así, que el señor secretario ordenó, ante el desacuerdo de sus médicos, cuya prohibición no escuchó, que preparasen de inmediato su avión.
En el lugar se preparaban acciones guerrilleras muy ambiciosas.  De acuerdo con Carlos Tello Díaz: “…tenía planta de luz, radio, televisión, cocina, parapetos, dormitorios, hasta canchas de voleibol con redes hechas de bejuco.  Estaba concebido para más de 200 combatientes.  En el área de prácticas había casas de cartón, tanques simulados con madera, réplicas de las instalaciones del Ejercito en Ocosingo”.
El EZLN se preparaba para la guerra, demostraba con esto su vocación para las armas.
Hasta ahí, hasta el campamento guerrillero, ocho horas de camino a pie desde el lugar donde pudo aterrizar el helicóptero, llegaría el secretario de la Defensa Nacional a la mañana siguiente del hallazgo para comprobar con su propia mirada los hechos.  Una fotografía de esa escena permite  observarlo apoyado en un bastón de palo, bañado en sudor el uniforme de campaña, cercano al desmayo, rodeado de sus cercanos colaboradores.
De ahí Riviello fue a la oficina del Presidente Salinas, a una reunión donde estuvieron presentes Patrocinio González Garrido, Elmar Setzer y José Córdoba Montoya.
De ese enfrentamiento primero con el Ejército escribe el subcomandante Marcos en un informe al comandante Germán: “Las bajas del enemigo fueron sacadas en helicóptero para que nadie se diera cuenta… el Ejército ha perdido dos hombres en el primer enfrentamiento y al menos doce en el curso de una escaramuza ocurrida el 26 de mayo”.
De acuerdo con el informe del agente del MP federal que llevaron los militares para dar fe de lo descubierto, había 27 fusiles y revólveres de diversos calibres, un cadáver de un hombre portando una ametralladora Ruger de fabricación estadounidense, además de municiones, dinamita, uniformes, propaganda subversiva, comida, medicamentos, un generador de energía eléctrico, aparatos para hacer ejercicio físico y una televisión a color.
De todo lo encontrado en Las Calabazas el general Godínez Bravo presentó un video que el general Riviello llevó a la junta en Los Pinos.  Ahí les mostró un vídeo donde Marcos daba instrucción militar.
En esa reunión el Presidente Salinas ordenó que cancelasen el operativo para exterminar a los guerrilleros que habían huido de ese sitio, y que todos los militares se retirasen de esa zona.  Formalmente se procedió a desaparecer a los guerrilleros, ya  a quien después sería conocido como el Subcomandante Marcos.
La Sedena daría a conocer por un comunicado fechado el 31 de mayo que en Corralchem hubo un enfrentamiento con un grupo no determinado de individuos que realizaban actividades ilícitas.
La orden de desmantelar el operativo y regresar a todos los hombres a sus bases la recibió el general Godínez por parte del entonces Jefe de Estado Mayor general Enrique Salgado Cordero.  Incluso se abandonaron todas las poblaciones cercanas a Ocosingo, como si hubiese un acuerdo para permitir el libre paso guerrillero en esa Zona.
A ese respecto el subcomandante Marcos declaró, en entrevista publicada en la revista Proceso del 21 de febrero de 1994: “En mayo del 93 una decisión política impidió al Ejercito aniquilarnos”.
 
Riviello no creía en la bondad de esta decisión que disciplinadamente había acatado.  Requería de un testigo. Fui yo.
A principios de junio de 1993 fui invitada, era una costumbre frecuente, a desayunar en la oficina del Secretario de la Defensa Nacional.  Ahí me pidió que fuese a Chiapas a visitar a mi amigo, el general Miguel Ángel Godínez, quien a su vez recibió órdenes de mostrarme todo lo que habían encontrado y hablar abiertamente conmigo del tema.  Estaba, como los otros generales que nos acompañaron, muy enojado.
A mi regreso le hice saber estos hechos a Manuel Camacho Solís y a Luis Donaldo Colosio. Ambos, precandidatos presidenciales, sabían doblemente de esta realidad de la eminente acción violenta de un grupo guerrillero, que estaba preparado para atacar a los cuarteles militares, armado y entrenado militarmente.
El general Miguel Ángel Godínez, como ya dije anteriormente, estaba muy enojado.  Por lo tanto aprovechó una comida privada con el primer mandatario Salinas de Gortari el 13 de septiembre de ese año, para expresar de manera muy intensa su enojo. Ahí insistió en el liderazgo del obispo Samuel Ruiz con los guerrilleros y el riesgo de esto para la seguridad nacional.
No hubo respuesta.
Pasaron seis meses para la declaratoria de guerra al Ejército.  La instrucción presidencial en la madrugada del día 1 de enero de 1994 a los militares fue de no responder el ataque porque era “una provocación”.
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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