Las luchas internas de Felipe Calderón

México, 18 de agosto.- En lo que escribe, testimonio adelantado de su Presidencia, asoma el panista que hace campaña por su esposa, Margarita Zavala.  Tal vez por eso, Felipe Calderón no fustiga lo necesario el gobierno de su antecesor, Vicente Fox.

Porque a final de cuentas fueron las decisiones de ese gobierno las que marcaron los graves problemas que decidió, primera persona del singular, enfrentar con costos políticos y de imagen en su momento.  Probablemente de historia en el lapso inmediato a su salida.

Felipe Calderón sigue obsesionado con el tema de la seguridad.  Lo que en su momento era no solamente lógico sino indispensable ante el deterioro, inmenso, del Estado de Derecho y de las instituciones de aplicación de justicia.  Responsabilidad mayoritaria de Fox, porque durante su sexenio de total omisión de gobierno el daño fue inmenso.

No podemos imaginar que el desastre que todavía hoy, con muertes y enfrentamientos como rutina, vive Michoacán haya surgido con Felipe Calderón.  Ahí lo encontró como tantas otras cosas que funcionaban mal.

Precisamente para eso quiere llegar alguien a la Presidencia, para cambiar lo que está mal.  

Lo que vemos en el testimonio de Calderón es que padeció el poder, que lo vivió como algo inevitable, como un destino que debía aceptar porque era voluntad divina.  Y es a partir de esta premisa, del hombre que ve su paso por el poder como una carga inmensa.

Así, afirma que “cuando un problema llega hasta el Presidente y él tiene que tomar una decisión entre dos opciones, es que ya hay dos males”.

Esto, justamente, es lo que un mandatario de millones de mexicanos no puede hacer.  Y, obviamente, tampoco decir.  Esta íntima convicción de que haga lo que haga está en la línea del “mal”, del “daño”, es lo limitó y definió su sexenio.

En verdad, no había necesidad de decirlo.  De refregárselo en su cara a los millones de personas que votaron por él.

Un hombre limitado entre males que busca el “menor” no puede gobernar, no al menos en el sentido de liderazgo, de “hacedor de la realidad” que los mexicanos le han otorgado a su “Tlatoani” por los siglos de los siglos.

¿Podía cambiar Calderón los problemas de seguridad?  Yo, primera persona del singular, fui de las pocas voces que expresaron su confianza, su certidumbre sobre los motivos y la necesidad manifiesta de las acciones de Calderón en el ámbito de seguridad. Algo, mucho grave pasó para que esa “guerra” fracasara.

¿Algo es distinto en este sexenio?  La percepción social.  Y la voluntad convertida en acción.

A millones de mexicanos, o a unos cuantos da igual, puede parecerles un atropellamiento constitucional enviar a un personaje con poderes plenos a Michoacán, a hacer las funciones de “Virrey”, a gobernar propiamente…. Pero se cambió la realidad, se detuvo la espiral de corrupción y violencia, se modificaron los controles del crimen organizado.

Fue una decisión desesperada, pero eficiente.  Igual que imponer al gobernador del Estado de México un titular de seguridad pública y acciones para combatir la violencia.  Esto, injerencia directa, es lo que no hizo, nunca imaginó siquiera hacer, Calderón.

Por eso hoy su queja contra los gobiernos estatales.  Que se traduce en un desconocimiento inmenso de la realidad nacional.  ¿Cómo iban a colaborar quienes estaban en manos de los criminales, o eran sus cómplices?  Y vaya que en el sexenio pasado se borró la línea divisoria entre lo rutinario y lo ilegal.

Los gobernadores eran priístas, eran políticos que querían sobre todo el regreso de su partido al poder, y que apostaron con inteligencia al fracaso de Calderón, sobre todo a la percepción popular de que los panistas no podían, no sabían gobernar. 

En el caso de Michoacán, su entidad natal, es todavía más grave la falta de apoyo de dos gobernadores, uno perredista y otro priísta.  Porque Calderón debió meter las manos hasta el fondo apoyado por su Procurador, cuyos nombramientos, de mal en peor, fueron uno de los grandes errores de su gobierno.

A Calderón Presidente panista le correspondía meter en la cárcel, con pruebas, a gobernadores y funcionarios priístas cómplices del crimen.  No lo hizo.

Lo peor de escribir un libro, de presentarlo a estas alturas de la historia, es que provoca un ruido innecesario sobre su persona y su gobierno que incide en la percepción pública de “fracaso”.  Que produce unas ganas inmensas de sacudirlo y decirle “así no era”…    
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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