Moralina política

México, 20 de agosto.- Un ciclista desaparece en Durango al salir a ejercitarse…un comando asalta camión de valores en el DF con un botín de 9 millones de pesos…Alcaldesas de Michoacán reunidas con “La Tuta”…

La realidad nacional plagada de violencia e impunidad, de problemas serios que requieren de toda nuestra atención. Sin mencionar a las reformas que todavía están tratando de aterrizar en la mente de millones de mexicanos.

¿A quién le importa una fiesta con teiboleras?

El diputado Luis Alberto Villarreal aparece, en verdad así lo veo, como víctima de una “moralina” panista digna de la Santa Inquisición. Que, además, ha hecho famosas a las bailarinas que fueron contratadas para “brindar servicios sexuales” de acuerdo a sus propias declaraciones.

Villarreal, como sus acompañantes, es un adulto con absoluta libertad para hacer en su tiempo libre lo que se le ocurra. Bailar con una “teibolera” en público parece un acto hasta estúpido, adolescente, ingenuo pero no puede entrar a la categoría de lo “político”. Y, menos todavía, a lo trascendente para la realidad nacional.

Me gustaría más, como a millones de mexicanos, una investigación sobre si existe o no el llamado “moche” por medio del cual, recibiendo dinero, los diputados de todos los partidos aprueban presupuestos estatales.

Para colmo de todos los males “moralinos” resulta que Villarreal es divorciado, así que ni siquiera ofende el estatus familiar.

¿Por qué Gustavo Madero decidió quitarlo del liderazgo de la “bancada panista” en la Cámara de Diputados?

¿Quién grabó el vídeo? ¿A quién estorbaba Villarreal? ¿Contra quién iba dirigido el golpe político-mediático? Estas respuestas son las que faltan, las que deben interesarnos. Lo demás no es sino morbo.

En lo “importante” el PAN ya recibió críticas del expresidente Felipe Calderón, y por escrito de quien fuese su “vocero” Max Cortázar, que lapidariamente califica a su partido, el PAN, como “partido a medias… confundido y perdido… que pelea batallas perdidas de origen”.

¿Es una guerra interna contra Madero? ¿Es una batalla por el poder que tiene tufo reaccionario?

Lo cierto es que es de risa loca, tanto como de total injusticia contra un hombre que bailaba, por cierto bastante bien, con una señorita prostituta contratada para alegrar una fiesta particular en una casa.

Y aquí es donde entra el análisis sobre el derecho a la privacidad que no está documentado legalmente.

¿Vivimos en una era de “Big Brother” donde impunemente pueden ser espiados y magnificados mediáticamente todos nuestros actos cotidianos? ¿Qué justifica el escándalo público sobre un tema tan privado como una “bailadita”?

Tiene que existir una división legal entre lo público y lo privado de las personas, sean estas públicas o no.

¿Qué sucedería si cualquiera de nosotros, de millones de mexicanos, nos encontramos de pronto con una imagen íntima en redes sociales, que nos ridiculice, ofenda, o haga daño a terceros del círculo más privado? ¿A cuenta de qué?

Los señores diputados, de todos los partidos, deben ver lo que sucedió con Villarreal y su “fiestecita” más allá de la picaresca política. Tendrían que legislar sobre la necesidad de contar con una delimitación legal sobre el derecho a la intimidad de todo ciudadano.

La lección para Villarreal, para todos los políticos es muy cara. Lo vital es, ahora, analizar si era justificado el castigo político, si el escarnio público viene a demostrar que la mexicana sigue siendo una sociedad de “falsas conciencias”, moralina en todos los ámbitos. Y si eso no debería cambiar de cara a la modernidad.
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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