El cadáver de una madre frente al Gobierno negligente

México, 20 de octubre.- Deben estar muy ocupados. Aceptemos, también, que era una mala tarde para trabajar en la Secretaria de Gobernación, viernes casi de quincena. De ahí las horas que tardaron en darse cuenta, en reaccionar frente al cadáver. Sin metáfora. Dentro de su caja de muerto, con rosario en mano y flores al lado. Velorio rutinario excepto en la locación: la calle de Bucareli, cerrada al paso de coches por temor a las manifestaciones.

Los policías que hacen guardia, precisamente para evitar situaciones “incomodas”, no pudieron (quisieron) evitar que las pocas personas que arrastraban el féretro llegaran a ponerse frente a la Secretaría de Gobernación.
Extraña protesta en verdad.
Que debería poner los pelos de punta a muchos. Porque la muerta, Margarita Santizo, pidió como última voluntad ser “velada” frente a la dependencia oficial que no escuchó sus peticiones.
La señora Santizo pidió esto por la desesperación ante autoridades omisas por la “desaparición” de su hijo Esteban Morales Santizo en diciembre del 2009.
Para colmo de males de las instituciones del Estado Mexicano el desaparecido era policía federal en funciones.
Morales Santizo “desapareció” junto con otros tres compañeros policías en Michoacán.
En nuestro país no existen leyes suficientes para cubrir el drama de los “desaparecidos”, de miles y miles de personas que comenzaron a “borrarse” de la faz de la tierra en Ciudad Juárez cuando los narcos, hace muchos años ya, decidieron que era un método mejor que el asesinato, que les garantizaba mayor impunidad.
Solamente en este sexenio existen 8 344 personas desaparecidas.
En muchas entidades del país no existe legislación al respecto, ya que aunque se presupone un “secuestro” al no existir petición de dinero, el agravio queda en una zona difusa donde la competencia de las autoridades se pierde.
A esto debe agregarse el miedo. Porque lo que buscan los criminales con una “desaparición” es que la víctima no sea buscada, precisamente, por temor. Y, también, la gran barrera burocrática oficial.
Lo que padeció infinitamente la señora Santizo.
Porque ninguna autoridad quiere buscarlos. Menos todavía cuando la presunción es que los autores de este “secuestro” son criminales. De tal forma que, obvio, ninguna autoridad fue a Michoacán, que entonces ardía todavía más que ahora, a buscar a los policías desaparecidos.
Para sus jefes se convirtieron en una cifra, en un expediente más. Y si me apuro tal vez ni siquiera los han declarado muertos por lo que las familias no han recibido ningún beneficio.
¿A quién interesan unos cuantos policías muertos-desaparecidos? Es obvio que a sus madres. Que han tenido que pasar, como la muerta, un viacrucis sin descripción de escritorio en escritorio pidiendo atención oficial a su drama personal.
La señora Santizo vivió por casi cinco años lo que hoy padecen los padres de los estudiantes de la Normal en Guerrero, con la diferencia de que todas las autoridades federales están volcadas, con perros, caballos, patrullas y hasta “buzos”, en su búsqueda.
¿Qué debe haber sentido la madre del policía desaparecido ante la indiferencia oficial? Como dijo su hija ante los medios de comunicación, junto al cadáver, una rabia, una indignación, “un coraje tan grande que la mató”.
Víctima de una enfermedad grave, la señora Margarita pidió ser llevada en su féretro a la Secretaría de Gobernación “donde nunca atendieron”. Su petición era una forma de seguir pidiendo por su hijo ya muerta.
Desafortunadamente era mal día, viernes por la tarde, cerca de quincena, con la bronca de Iguala encima, y todos estaban ocupados. Y todos volvieron a lo mismo de siempre: Prometieron que ya pronto, que dentro de unas dos semanas a más tardar, van a ser recibidos por la autoridad para entonces enterarse y entonces supongamos comenzar a pensar en qué se puede hacer frente a los desaparecidos…
Tan sólo en este sexenio, sin contar a los 3 de iguala van 8 344 desaparecidos, y 14 636 ejecuciones en todo el país…
Digamos que ocho mil féretros pueden llenar el Zócalo de la Ciudad de México pero no la indignación oficial.
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

Adelante, opina: