¿Y los policías muertos no cuentan?

México, 14 de abril.- Quince policías fueron asesinados. ¿Son muchos?, ¿Dónde comienza la contabilidad de estas vidas humanas?. Los familiares de las víctimas de la emboscada criminal en Jalisco sacaron una carta conmovedora que debería hacernos reflexionar sobre la poca atención que pone la sociedad en estas muertes, en estos actos abiertamente heroicos en el cumplimiento del deber.

Los policías asesinados por el Cártel Nueva Generación fueron, abiertamente, víctimas de un grupo con entrenamiento militar, con capacidad de estrategia y con superioridad en número. Por lo tanto, estas muertes tendrían que conmover a la sociedad mexicana.
¿Valen más o menos que 43 estudiantes asesinados en Iguala? La cuestión es que valen. Y que más allá del homenaje que recibieron sus cadáveres, de los discursos, de los retratos y los pases de lista, no tienen ese reconocimiento que se ganaron.
Ignoro, como millones de mexicanos, si los estudiantes de Iguala eran ciudadanos ejemplares. Lo que sí me consta es que los policías de Jalisco eran funcionarios públicos, uniformados, que se entrenaron y llevaban un arma para proteger a la sociedad.
Y no ha habido, como tan certeramente se quejaron los familiares y padres de familia, manifestaciones ni bloqueos ni escándalos ni cientos de páginas de diarios nacionales o de horas en programas de televisión hablando de ellos, de su muerte, de la razón de que esto haya pasado.
En 20 días mataron a 21 policías en Jalisco e intentaron asesinar a su jefe, Alejandro Solorio Aréchiga, que se defendió con todas las balas que traía. Todo esto por la muerte de un criminal apodado “el gringo”, Heriberto Acevedo.
Es decir, lo que se vive en Jalisco es una guerra. Como se quiera enfocar, pero una guerra que tiene batallas entre buenos y malos. Y los policías, la autoridad son los buenos, pese a quien le pese.
Esto es un fenómeno singular que contrasta con la actuación de policías en otras partes del país, sobre todo cuando supimos que en Guerrero los policías municipales no eran sino sicarios y ayudantes de los criminales.
Los policías que fueron atacados, eran 20 y sobrevivieron cinco malheridos, pertenecían a un grupo de élite conocido como “Fuerza Única”. Eran gente de origen humilde, con talento, con entrega, con capacidad, con ganas de cambiar la realidad.
Y por lo mismo se merecen nuestro respeto. Se merecen mucho más de lo que les estamos dando.
Los policías estatales tienen, además horarios más pesados, salarios más pesados, menos equipo que los policías federales. Son “despreciados” por las Fuerzas Armadas y están siendo, como en Veracruz con la Fuerza Civil o en Nuevo León con su nueva policía, ejemplo de eficiencia.
¿Qué no queríamos una buena policía? ¿Qué contar con policías que tengan vocación e impecabilidad, valor, entrenamiento, no es lo que hemos venido exigiendo?
Los policías de Fuerza Única que mataron en una carretera cercana a Puerto Vallarta, Jalisco, no iban de “día de campo”. Por lo tanto se merecen un trato igual, semejante al que han recibido los 43 estudiantes que llegaron a Iguala en autobuses robados…
De otra manera, el cambio que tanto pedimos en materia de seguridad pública no va a darse.
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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