Mancera, candidato de los increpados a perpetuidad

México, 22 de junio.- La llegada de Miguel Mancera a Los Pinos sería la meta más lógica para una historia de arrojo, de verdadero sojuzgamiento a la adversidad-destino. Vendría a ser la venganza inmensa de los maldecidos, de los olvidados, de los zarandeados socialmente.

Y, también, sería la realización de todos aquellos que siguen creyendo que en nuestro país para llegar a ser alguien es suficiente con estudiar, trabajar y esforzarse cada día de su vida.
En algún momento de su historia, frente a su espejo, en la humilde vivienda compartida con una madre trabajadora, de cara a las escuelas públicas, a los turnos vespertinos porque no había de otra, Mancera decidió inventarse una historia de éxito que le escupiese a su realidad.
Lo logró. Con los primeros lugares, con las medallas de excelencia, con las maestrías y los libros escritos de noche, tragando sapos y venciendo el estigma de hijo fuera de matrimonio, de hermano que lleva el mismo nombre del “legítimo”. Venció demonios internos y monstruos que se aparecían en los pasillos de su clase media modesta, trabajadora, cumplidora.
Vaya que lo hizo con excelencia. Sin padrinos, con un padre duro, poco afectuoso, que frente a sus logros repetía que eso, estudiar, ser el primero de su clase no era sino su obligación.
Fue el mejor estudiante de la UNAM y, también el mejor estudiante de México. Dos medallas lo atestiguan junto con la mención honorifica de su titulación como abogado. Después la Maestría a distancia en la Universidad de Barcelona, el doctorado también con mención honorifica y la medalla Alfonso Caso… todo esto mientras trabajaba.
En la UNAM consiguió la plaza de maestro por oposición. Y dio clases a los ricos del ITAM. Tiene cuatro libros de Derecho publicados a los que no se les entiende ni el título.
Con 34 años ya trabajaba en la Asamblea de Representantes, de donde se fue a la Secretaría de Seguridad Pública del DF, para ir subiendo lentamente el escalafón. Fue consejero de la Judicatura antes de convertirse en subprocurador del DF.
Lo que sigue es sabido. Como se conoce su vocación por el deporte y el boxeo, que imagino consecuente con su gana-necesidad de protegerse a sí mismo en un mundo hostil.
En esta historia de luchar endemoniadamente por abrirse paso en la vida, como se decía antes, resulta lógico el pudoroso manejo de su peligrosa enfermedad.
Cuando cualquier otro político hubiese organizado un despliegue de medios para salir fortalecido de su estancia en el hospital, Miguel Mancera se moría de morirse mientras seguían sus órdenes para negar y volver a negar cualquier gravedad. Los hombres hechos a golpe de sí mismos no se enferman, no son vulnerables, no piden apapacho de ninguno en su cama.
¿Esta historia personal hace a un candidato presidencial?
Es una historia de vida. Es una historia real, ciertísima de éxito a partir del esfuerzo, de estudiar y trabajar diez, mil veces más que quienes nacieron con mejor estrella. Ejemplar en el sentido más antiguo del vocablo.
Historia que se perdió en una elección para Jefe de Gobierno manejada con las patas. Que se siguió perdiendo estando ya en el gobierno de la Ciudad porque arrastraba los mismos incompetentes y una inercia de la continuación institucional en el poder más que canija.
Quiero suponer, adivino sin conocerlo, que una mañana Miguel Mancera con la cicatriz que cruza su pecho como recordatorio de fragilidad, con sus hijos cercanos a la adolescencia, frente a la crisis de los cincuenta años, se volvió a decir “yo puedo”. Y rompió amarras.
De ahí que haya salido a decir, destape más que interesante en los tiempos políticos presentes, “yo quiero”. Que equivale a yo puedo, a tengo con qué, a le voy a entrar con esa misma decisión del adolescente que logró ser el mejor.
Si hacemos bien las cuentas Miguel Mancera es el único precandidato presidencial que no tiene nada que perder, y que ha comenzado a ganar desde el momento en que se asumió como tal. Permanece soltero, sin partido político, sin padrinos, sin vínculos hacía el pasado, lo que se traduce en libertad.
Puede ser candidato independiente, externo con las siglas de cualquier partido, puede representar a la izquierda, puede abanderar a los jodidos… puede, tan simple y tan grandioso como eso: puede…
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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