La invitación

México, 2 de diciembre.- Debo haber pensado que iba a ser un evento totalmente distinto, que ninguno iba a asistir, que cuando mucho los periodistas que han cubierto la fuente de López Obrador.  Sobre todo, asumí que no habría “invitados especiales”, que algo, mucho, había cambiado.

Y por lo tanto no me agobié por no ir a la toma de posesión del Presidente.  Menos todavía pensé que habría una “comida” abierta a esos mismos periodistas del primer mundo, esos “importantes” que ya no estaban en la ecuación.


Sí tomé la decisión de no buscar un “gafete” para la Cámara de Diputados.  Porque, asumí, estaban muy codiciados, según lo que había leído en Internet, y porque no me vi de pie, luchando por un espacio para poder ver.

Luego vino el tuit de Lourdes Mendoza, con la invitación a la comida.  Emitido junto, justamente junto, a su entrevista “exclusiva” con Luis Videgaray.  Y ahí comencé a ofenderme.

Qué estúpido.  Pero así fue.  Me ofendió que alguien, una periodista que viene de Reforma, que escribe para El Financiero, que tiene un espacio de televisión en Milenio, siempre con “chismes” político-sociales como el vestido que llevaba una funcionaria, estuviese invitada.  O sea, la expresión perfecta, vaya que además lo hace bien, de una periodista “Fifi”.

Que caos tan grande en mi interior.  ¿Otra vez el amiguismo?  ¿Sin importar historia personal?

¿No qué íbamos a cambiar?

Siempre imaginé que el cambio implicaba un retorno de la justicia, siempre visualicé a López Obrador como un justiciero que venía a poner a cada uno en su sitio.

Confieso que estaba realmente afectada.

Luego vino lo peor.  Cuando lo comenté con una amiga, verdaderamente enojada, frustrada, me dijo que Adela Micha había “presumido” en Internet su invitación…

O sea, Adela, lo que ella significa y Lourdes Mendoza estaban presentes…

Qué trabajo me costó no ponerme a llorar como una niña castigada.  Cierto que yo no había pedido a ninguna persona, funcionario o demás, una invitación.  ¿Era importante ir?

Es importante, tan de vida o muerte para cualquier reportero estar, ver, atestiguar los hechos importantes.  Y vaya que la toma de posesión de López Obrador era uno de estos.

Mi frustración duró muchas horas.  Me ha costado mucho trabajo cobijar mi desventura.

Queda mi preocupación.  Grande.  Porque entonces poco habrá cambiado, podrá cambiar en el tema de los periodistas.  Y la desigualdad inmensa, la de ganar dinero, tener espacio público si eres grato a los poderosos, si estás de su lado, si defiendes sus causas, puede seguir sin ningún cambio.

Otra vez unos, los poderosos, las mujeres que saben de qué lado estar a conveniencia, estaban dentro.  Y, supongo que no fui la única, los demás, lo que hemos pagado todos los precios por defender nuestras verdades, quedamos fuera.

¿Es esta la intención de López Obrador, de su gente?

Isabel Arvide
@isabelarvide

Adelante, opina: