Gertz Manero

México, 11 de enero.- Pocos hombres tan difíciles.

Pocos hombres tan discretos.

Pocos hombres tan confiables.

Pocos hombres tan poco ambiciosos.

Pocos hombres tan a salvo del poder.

Alejandro Gertz Manero es alguien muy distinto a los políticos, a los funcionarios públicos que hemos tenido y/o padecido en los últimos cuarenta años. Que es, más-menos, el tiempo que tengo de conocerlo.

Gertz es un hombre que entiende la vida de una manera rígida.  Con separaciones insalvables entre lo correcto y lo que no debe hacerse, entre la honestidad y todas las tonalidades de la deshonestidad.  Es, también, alguien a quien no es posible convencer de algo distinto a sus creencias, que no suele flotar ni caminar como pateando un bote, sin una dirección definida.

Su paso por el sector público ha sido controversial.  Complicado para quienes han sido víctimas de su estilo, peor para quienes padecieron su aferramiento a convicciones morales. No es alguien que busque enemigos, pero vaya que puede destrozar, literalmente, a quien se atreva a confrontarlo apoyado en su fama, o en su temporal poder.  Gertz suele ganar las batallas más peliagudas.

Y, también, suele salir intocado, incólume de eventos que podrían devastar a muchos.  Sabe, por tanto, cuando debe retirarse.

Alejando Gertz Manero, por razones que me resultan difíciles de comprender, decidió aceptar la invitación de este gobierno para hacerse cargo, “temporalmente” de la Procuraduría General de la República.  Institución que conoce desde hace décadas, desde las entrañas del Ministerio Público. No ha buscado ninguna posición política.  No es hombre dado a reflectores.

Es, sí, un hombre que busca equilibrios. Con una inmensa disciplina personal. Con una extrema sensibilidad para lo importante de la vida, que suele estar conformado por las personas que nos rodean.  Es hombre de pasiones, aunque cueste corroborarlo. Infinitamente leal.

La humildad que ha demostrado, al poner sus esfuerzos, su rostro frente a los últimos días de la PGR, es inconmensurable en las medidas de su propia historia. Insisto en mi ignorancia sobre las razones que esgrimieron para convencerlo.

Más excepcional es que haya aceptado participar en esta especie de concurso, estilo “Miss Universo”, para encontrar al nuevo Fiscal.  Con su vida hecha, con su historia personal colmada de éxitos, con una edad en que no está para competir.

Lo cierto es que Alejandro Gertz participa en esta “competencia”.  Y seguramente acatará el resultado, para algunos “bola cantada”.  Lo que es todavía más cierto es que sería un excepcional Fiscal.  Como necesita el país  para limpiar la cloaca, para levantar las toneladas de miasma que cubren las instalaciones de la PGR.

Gertz tiene en claro muchas verdades de la realidad nacional.  Desde hace muchos años repito una de sus frases, que hoy adquiere mayor valor: La justicia en México está al servicio de los poderosos, de los poderosos del dinero o del poder público.

Si queremos, como muchos pensamos, que esta realidad cambie, que la justicia sea justa para todos, que todos seamos iguales ante la Ley verdaderamente, Gertz tendría que ser el próximo Fiscal.

Si queremos, es un decir…

 

Isabel Arvide

@isabelarvide

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