Entre el dinosaurio y Carlos Joaquín

Acapulco, Guerrero, 10 de abril.- El Tianguis Turístico es, no sé si intencionalmente, un mercado de pueblo donde todos tratan de atraer a los marchantes con distintas técnicas.  Así Coahuila, situada al final de los expositores trajo un dinosaurio gigante, en verdad gigante, que se movía.  Y, obvio, llevaba a todos hasta su “stand”. En cambio, Quintana Roo perdió hasta el nombre. El único Estado de la República que no tenía espacio para su nombre porque, supongo que “sabiamente” los expertos convirtieron al Estado en “Caribe Mexicano”.  Para compensar tan grande perdida, en contraste con el dinosaurio, vino Carlos Joaquín.

Como milusos todo el lunes se le veía correr de un lado a otro del Tianguis.  De una entrevista a una cita de “negocios”.  Vino a trabajar por un equipo, a darle fuerza, intensidad a una exposición fea, sin chiste, mesas puestas casi encimadas. Y unas cuantas fotografías.

Por su parte Guerrero le metió lana, mucha lana y mucho talento.  Su “stand” era una exhibición de artesanías, de color, de luz.  Mucho movimiento, mucha seducción.

¿Se vende así?  Supongo.  Es el sentido del Tianguis Turístico.  Mostrar toda la oferta de México ante quien corresponde, en el país y en el extranjero. El lugar donde lo montaron, un centro de exposiciones muy moderno muestra al Acapulco de millonarios, de muy ricos, a quien no les importa pagar 150 pesos a un taxista por unas cuantas cuadras. Un Acapulco diseñado para el dinero y su ostentación.

Quintana Roo es el destino favorito de extranjeros y, también, de mexicanos. Tal vez por eso su pabellón era triste.  Y la actitud de su gente peor.  Junto la exhibición de Xcaret era apoteósica. ¿Vino a trabajar el presidente municipal de Chetumal? No, como tampoco la edil de Playa del Carmen, que sí mandó a su “jefe de Gabinete”, Javier Medina, a expiar. La señorita Mara Lezama, de Cancún, iba con una caravana de “asistentes”.  En contraste con el presidente municipal de Tulum. El trabajo, todo el trabajo, lo hizo el gobernador Carlos Joaquín.

Junto, como sin querer molestar a este gigante del turismo, la exhibición de Tlaxcala.  Sin animales gigantes, sin regalar mezcal, sin la ostentación de Campeche con sus piratas, Tlaxcala mostraba un trabajo excepcional reproduciendo los murales de palacio de gobierno, junto con su ropa típica, su comida y las luciérnagas.

Si la vida te da limones, has limonada dice el proverbio.  Si la vida no te da playas ni pirámides, busca en el suelo de tus bosques.  Tlaxcala encontró a las luciérnagas, un milagro de animalito que en cierta época del año sale por la noche a iluminar los lugares dónde viven.  Y ese es, hoy, su gran atractivo turístico, las excursiones para contemplar a unos pequeños insectos que en cualquier momento pueden desaparecer de la faz de la tierra.

Así la competencia en el Tianguis, sin contar la “carne asada” del Norte, organizada por Tamaulipas, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León.  Fiesta que hubiese sido un éxito si hubiese habido, como lo anunciaron, carne para cenar…

Isabel Arvide
@isabelarvide

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