El Rey, el gobernador y la cohesión social del turismo

Quintana Roo, 22 de enero.- En España millones de personas viven del Turismo. Y lo hacen con holgura. Por eso el respeto, profundo, a esta industria. El Rey Felipe, en la cena con motivo del 40 aniversario de la Feria de Turismo que se celebra en Madrid, pronunció un discurso que debería escribirse en los muros de muchas oficinas públicas: “El Turismo es un sector transversal que influye en todas las ramas. Es comercio, es transporte, es patrimonio cultural y lingüístico; es innovación, es naturaleza, gastronomía, artesanía. El sector turístico es fuente de riqueza y empleo”.


Sentado muy cerca, el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín, sonreía. Bien podrían ser sus palabras. Sobre todo, cuando el Rey continuó: “El sector turístico es una herramienta de cohesión social y territorial, de fijación de la población, de lucha contra el cambio climático y la desigualdad”.

Quintana Roo recibe más de la mitad de los viajeros que vienen a nuestro país, y, por tanto, es responsable de también más de la mitad de los ingresos que se reciben. Y sin embargo no se le atiende como corresponde. No solamente en el cuidado, mucho dinero se necesita, de las riquezas naturales y culturales, sino en la satisfacción de servicios para esos millones de visitantes que se reciben.

Al termino de la cena, en el Palacio de Cibeles, Carlos Joaquín platicó con el Rey. Y seguramente le mencionó las coincidencias de pensamiento. Ese entendimiento mutuo de que el Turismo está tan relacionado con la cohesión social.

Y una de las preocupaciones del gobernador, en una entidad que ya no está en la lista de las más violentas del país, es justamente que esa “cohesión social” tan mentada no se pierda. Lo mismo que le preocupa, así consta en sus discursos, al primer mandatario.

Ese es el reto. Frente al sargazo, a la inseguridad, al crecimiento acelerado de centros de población colindantes con las zonas turísticas, frente a todos los riesgos que se viven en Quintana Roo y que pueden ser más devastadores que un huracán categoría 5.

Joaquín González tuvo que ir a Madrid. Era indispensable su presencia para hablar con los mayoristas, para comunicar la realidad del Estado, para hacer chamba de promotor turístico. Para explicar. Para divulgar las otras realidades del Estado.

Durante la cena, con todos los ministros, secretarios de Turismo del mundo, más de 150, tuvo un sitio privilegiado. Arropado por el titular del ramo, pero sobre todo en una inmensa coincidencia con el Rey Felipe, con la forma en que han logrado utilizar a los viajeros en ese país para el desarrollo, para fomentar lo que se conoce como la “consecución de objetivos de desarrollo sustentable”.

Que se traduce en cuidar la naturaleza, en crecer sin contaminar, en fomentar una cultura de protección al medio ambiente.
Al día siguiente vino la inauguración del pabellón del Caribe, o si se prefiere de Quintana Roo, donde el ingenio quintanarroense, la buena voluntad, ha venido a sustituir el presupuesto público.

La foto junto con el Rey Felipe de Asturias tendrá que significar para Carlos Joaquín más que un recuerdo de su gobierno, la ratificación de un encuentro de coincidencias donde el Turismo es entendido en su inmenso valor.

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