Priista, Politico y Funcionario

A veces, recuerdo la noche de tantos cuestionamientos, en que Labastida se encontraba metiendo las manos hasta el fondo del enojo, del rechazo a lo que hacía desde el poder público aquel hombre que quiso ser rey, Carlos Salinas. El mismo que le envió el operativo más sucio a la capital del estado que gobernaba, en su ausencia de domingo, para intentar exhibirlo, ponerlo contra la pared, arrodillarlo. Y en respuesta el valor, ese acto suicida en su momento de acompañar al viejo procurador, al abogado Lazcano que ya había sido otra vez procurador de Sinaloa sin cambiarse de casa, a presentarse en la muy poderosa Procuraduría donde Coello hacía y deshacía mientras don Enrique dejaba pasar la tarde plácidamente.
La vocación a toda prueba, desde analista en la Secretaría de Hacienda a los veinte años, pasando por Caminos y Puentes un mes y días como cuarentena indispensable, hasta Bucareli. Siempre sin tirar paredes, sin cambiar el escritorio de lugar, con sus fotografías, su música y sus recuerdos que no lo son, que le pertenecen por decisión propia como la imagen de la Virgen que perteneció a Morelos.
Tres veces Secretario de Estado, por segunda vez obligado precandidato a la Presidencia, gobernador, embajador, subdirector y Subsecretario antes, cualquiera podría apostar a que el gobierno no tiene secretos para Francisco. Debe serlo, aunque cada vez, en cada nombramiento se aproxima a su oficina con la humildad del que inicia su camino, del que pone la primera piedra sobre su proyecto de vida. Y así lo vive cotidianamente, con el entusiasmo que olvida horarios, que desboca rutinas, que exige demasiado a los que están cerca sin pago de horas extras, a veces sin una palabra de aliento.
La disciplina como algo natural, a ratos gozosa. La disciplina que es fuente de alegría, de ese echarle ganas que prolonga las juntas hasta terminar frente a un plato grasoso de tacos fríos en la madrugada como si fuese lógico, premio ganado a pulso. Esa es la realidad, tan lejos de los planes, de las ambiciones, de las estrategias para llegar. Para convertirse en.
Francisco Labastida es hombre de amigos, de lealtades, de libros, de cuadros, de bucear, del mar, de cultura aunque no le gusta el caviar y su sensibilidad culinaria es más bien tirando a provincia. Puede dar cátedra sobre el arte de mezclar una cuba-libre, de preferencia con Coca-Cola pequeña y de botella. Aquí sí acepta que el orden de los factores altera el resultado.
No es nuevo en los juegos del poder.
No es extraño que su segundo matrimonio con Tere, una mujer excepcional, tenga la paz de las buenas relaciones que han durado toda la vida, o que de pronto abrace a su nieto como si Dios existiese, o que haya dejado de fumar Delicados, o que sea hoy más guapo en su edad, lo que es, lo que sucede en su vida puede muy fácilmente ser previsible.
De los atentados a su vida, de los tiempos del combate frontal, hogareño casi, a los narcotraficantes en Sinaloa no es necesario hablar. A mí me quedó muy claro todo con la presencia de las armas. Sin embargo, los precios han sido muy altos. Francisco no dejará de lamentarlos nunca, porque fueron vidas humanas de sus colaboradores, de quienes sí creyeron en su proyecto, de quienes sí se comprometieron con su tiempo al frente del gobierno para erradicar en lo posible el narcotráfico.
De esa violencia, tan irredenta como corrupta, Labastida Ochoa sabe mucho en primera persona. Y, también en singular, no es hombre de titubeos, no retrasa las decisiones importantes. Si eso se traduce como “mano dura” o no, es poco significativo. Los hechos son eso, hechos, y constan en Sinaloa donde su gobierno logró abatir los índices de criminalidad a niveles de asombro, a partir de lo posible, pagando los costos más altos, con el miedo vencido cada mañana por muchos.
Pancho es hombre de múltiples inteligencias y sensibilidades, lo era antes de ser nombrado titular de Gobernación, lo ha sido a lo largo de su vida personal y profesional, en cada etapa. Me gustaría pensar que seguirá siéndolo como precandidato presidencial, pierda o gane el próximo noviembre.
Es priísta, es político, es funcionario público. No le interesa el poder, mucho menos el dinero, vive en una casa modesta para su pasado político, cuando se divorció alquiló un departamento donde no tenía cortinas (siendo titular de Semip), mucho tiempo compartió la casa propiedad de su esposa, Tere. Muchos de sus trajes podrían irse con el ropavejero, tiene miles de libros pero igual vive lejos de ellos leyendo en bibliotecas públicas lo que le gusta. Es un hombre digno que sabe el valor de la dignidad.
Paco es, como es, lo que es. Su congruencia vital está por encima de tanta podredumbre, corrupción, miseria mental. Lo ha estado siempre.
¿Es un triunfador? Diría que es un vencedor que no será vencido. Un jugador hábil, un hombre que sabe de los tiempos, de las ruedas de la fortuna, de las ambiciones, de la naturaleza humana, que ha ido por la vida como aquel que sabe que cada día es, puede ser el último. Pero también como el que está cierto de que cada día es, puede ser el primero.

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