Grave Atentado Contra el Pais

La provocación no podía ser mayor.
El atentado que sufrió la noche del jueves 22 la periodista Lili Téllez, que hirió a su chofer y a quienes la protegían, afecta a la sociedad mexicana en todo sentido.
No sólo por el precedente de impunidad, sino porque detrás de quienes dispararon estarían los peores intereses a imaginar.
Como parte de una maniobra de poder resulta fácil imaginar como único beneficiado a Vicente Fox, en especial en la manera en que los votos contra el PRI que pudiese recibir el PRD pasarían a ser emitidos a su favor. Lo que en una elección tan cerrada como la que se vive puede ser muy significativo.
La perversión del autor intelectual, porque lo hubo, me hace pensar en mero ejercicio literario en Carlos Salinas de Gortari. Lo cierto es que quien haya sido ponderó, con excelencia, el enfrentamiento brutal entre la televisora del Ajusco y la procuraduría de justicia del Distrito Federal. Así como el tiempo, incluso el día en que el escándalo mayor era la inclusión de dinero extranjero en el financiamiento del candidato panista.
Es obvio que los ejecutores fueron profesionales, que no perseguían matar a Lili Téllez -afortunadamente- sino crear un ambiente de confusión, de enojo, de indignación, de inseguridad. Que puede incidir, definitivo, en el resultado de las elecciones.
Queda ahora esperar porque en Televisión Azteca prive la mesura. Pero es una apuesta alta, una expectativa utópica porque justamente el tono ha sido en contrario. Ha sido demasiado personal, más allá de cualquier justificación, el pleito con Samuel del Villar, con el perredismo que gobierna la Ciudad.
Y, también hay que admitirlo, por parte de las autoridades de la Ciudad se ha actuado visceralmente. Incluso las declaraciones de Rosario Robles al conductor Javier Alatorre fueron producto de este ánimo que tanto daño ha hecho.
Hubo un atentado contra las instituciones, contra el procurador del Villar, contra el perredismo, contra la seguridad de la Ciudad de México, contra el gremio periodístico.
Hubo un atentado que pudo costarle la vida a una mujer que, aquí no importa si uno está en acuerdo o no con la tesitura, tiene el valor de dar la cara para expresar su verdad, para ser parte de un grupo, para asumir los costos de un pleito llevado hasta sus últimas consecuencias por una empresa comercial.
Lili Téllez es, no puede soslayarse, una periodista. Los balazos contra su automóvil, contra los miembros de su escolta, que pudieron costarle la vida deben ser asumidos como una agresión gremial, pero no sólo como eso. Sería muy grave, así como ingenuo, responsabilizar a Samuel del Villar a priori. Lo que no quiera decir que esa institución deje de tener la obligación de probar, ante la opinión pública, su inocencia.
Lo que es importante es no caer en la maraña de provocaciones que está inserta en este, lamentable, hecho. Por una parte un periodista, en el libre ejercicio de su profesión, es víctima de una violencia que no puede ser admitida por ningún mexicano. Pero por la otra, no debemos perder de vista que se trata de un atentado inteligente contra las instituciones.
Corresponde la mesura. Esto es muy importante. Tanto en el gobierno de la Ciudad de México, en la señora Robles, en el procurador del Villar, como en la parte justamente ofendida. Si se pierde esto, la prudencia, estaríamos todos contribuyendo a un clima de desestabilización que no se puede admitir de cara al futuro de la Nación.
Las autoridades deben investigar a fondo los hechos. No tiene autoridad moral, no ante la opinión pública, la procuraduría de justicia del Distrito Federal para hacerlo. Esto quedó de manifiesto, con absoluto talento y certidumbre, con la intervención de Guillermo Ibarra (por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos) en el noticiero donde Javier Alatorre y Sergio Sarmiento daban cuenta de los hechos.
La sociedad debe manifestar, consecuente, en todos los foros su rechazo profundo a la violencia. Y los periodistas, me sumo abiertamente a ello, expresar la más grande solidaridad con la señor Téllez. De otra manera el atentado será mucho más eficiente que la fuerza de sus balas.

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