El Milagro de Martha

Porque diciembre es un mes mágico por decreto presidencial el volcán no hizo erupción. Ningún mexicano se atrevería a dudarlo. Ni la magia ni el decreto, menos todavía la disciplinada conducta del Popocatepetl acorde con el nuevo liberalismo católico que nos gobierna.
Sin embargo, ambiciosa que es la sociedad demócrata, no era suficiente para alimentar nuestros tormentos. Menos aún para apaciguar el canto de los corazones escalofriados ante el espectro de futuro que nos ha comenzado a alcanzar. Por eso, que estamos en diciembre, podemos deleitarnos con un nuevo libro de superación comunitaria: “Marta”. Sin hache, supongo que por la “arregladita” que no está peleada con la nueva austeridad ajena.
Pero si les sobró, a los editores, la “H” en el título vaya que no hay desperdicio en sus páginas. De entrada en número menor, bastante, al mamotreto del expresidente Salinas la biografía de la vocera oficial del nuevo gobierno se presenta como la lectura obligada para estos días de asueto. La comparación no es, no podría serlo, gratuita. Desde Los Pinos hasta las humildes moradas de los mortales con dedicatoria especial.
Desde las monjas teresianas, las trenzas apretadas y los ejercicios cotidianos de benevolencia, pasando por un matrimonio que no fue, la biografía prematura de la señor Sahagún nos confronta con el mayor de los abismos a imaginar. Nos obliga a la caricatura mental, nos define subversivas e irredentas para siempre a millones de mujeres que no podemos contar una historia tan emocionante en los espacios vacíos.
¿Por qué la exhibición?
Es obvio, baste referirse al prólogo del empresario-editor, que el síndrome del poder deforma todos los espejos. Que están endiosados con el triunfo, que se “saben” enviados de un dios superior. Pero, insisto, ¿por qué habría de magnificarlo ante los ojos de la opinión nacional? ¿Qué necesidad tenían?
Digo, más allá de la vanidad.
Porque dos dedos de frente hubiesen llamado, cristianamente, a un poco de mesura. A la circunspección que la función pública aconseja, a la discreción como carta de presentación, especialmente cuando se sobrepone la relación privada con el primer mandatario. Y no se digan los tres hijos del anterior marido todavía rejego a la santa anulación.
Y aquí, no hay remedio, surge la pregunta impostergable: ¿Es la biografía de una primera dama en la oscuridad o de una funcionaria pública que recién ha tomado posesión de su oficina?
Cuando los valores a festinar son espirituales es de aconsejarse otro tono, o tal vez otras efemérides tanto nacional como privada. Una mujer que ni siquiera ha cumplido cincuenta años, veinticinco de los cuales transcurrieron en los brazos de su veterinario marido en funciones propias de su sexo, tendría que dejar mayores espacios para el futuro. Para todo aquello que todavía falta por vivir.
Nada de su pasado, por pleno de indulgencias y “benevolencias” que fuese, puede asemejarse al papel que desempeña en Los Pinos como responsable de la comunicación del gobierno. Una biografía debería de esperar por estos años, por la experiencia a vivir que será, seguramente, más interesante que el camino de su casa al catequismo.
¿Qué sentido tiene situar a la señora Sahagún al nivel de Gloria Trevi, de la Pinal, de cualquier figura de espectáculos? Ya no digamos de los personajes de las revistas, extranjeras y nacionales, bien llamadas del “corazón”.
Si de chismes se trata poco, nada diría, hurgó la entrevistadora en el tema que ha hecho tan reputada a doña Martha: la relación sentimental con el primer mandatario, la boda, la anulación matrimonial, el rechazo de las hijas del señor Fox.
En cambio se intentó resaltar un tema estrictamente político como “espiritual”, se pretendió disfrazar a la señora Sahagún de prototipo espiritual de una revolución. Así, con todas sus letras, por encima de Madero, de cualquier referencia en el panteón de la historia mexicana.
La publicación de esta “biografía autorizada” tiene toda la jiribilla del planeta. Su pretensión, nada oculta, es convertir a Martha Sahagún en la “pareja”, en la protagonista mujer de un milagro que va mucho más allá de la derrota del PRI en las elecciones presidenciales. Que está conceptuado por sus protagonistas, al menos desde la óptica del señor Francisco de Paula (autor responsable del libro) como una revolución espiritual que logró sincronizar los corazones de una generación, a partir de las enseñanzas de San Ignacio de Loyola y de Santa Teresa de Jesús.
Supongo que no reencarnados en la pareja.
¿Es esto grave o, simplemente, parte de la anécdota?
Habría que preguntarse si esto es al principio, ni siquiera transcurrido un mes de haber tomado posesión del poder, qué puede esperarse para el futuro: ¿Estampitas bendecidas de la señora Sahagún, videos, películas sobre su importante paso por la historia, muñecas a su imagen “coquetilla y arregladita”?
Pensar que Eva Perón es tema de una obra musical en Broadway no estorba.

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