La Verdadera Corrupción de las Fuerzas Armadas

Todo indica que habrá la mayor impunidad.
Que millones de mexicanos no sabremos, jamás, la verdad sobre las acusaciones en contra del general Enrique Cervantes Aguirre. No sólo aquellas de corrupción en la construcción de edificios, hospitales, zonas militares para lo que se desvió el destino de millonarias partidas presupuestales, sino del dinero producto del narcotráfico que fue “decomisado” durante el sexenio pasado.
Para ello, para que pueda vivir en paz el general Cervantes, los nombramientos del Procurador General de la República y de su sucesor en la Sedena. Ellos, incondicionales y protagonistas de su mando, no habrán de levantar acusación alguna. No permitirán que ninguna investigación al respecto progrese.
Mientras tanto los militares del escándalo, los que fueron detenidos el sexenio pasado por capricho castrense, siguen en la cárcel. Paradoja que algunos jefes castrenses tienen muy presente pese al silencio.
Durante el sexenio del Presidente Ernesto Zedillo, a quien correspondió entregar el poder político a un partido distinto al PRI que gobernó durante más de siete décadas, se rompieron todas las normas internas del Ejército al detener a uno de sus más famosos, respetados jefes militares bajo acusaciones de narcotráfico.
Jesús Gutiérrez Rebollo durante su larga carrera militar, más de cincuenta años desde que entró al Heroico Colegio Militar siendo adolescente, recibió todas las condecoraciones pertinentes, pero sobre todo fue reconocido al interior de las fuerzas armadas como uno de los más duros combatientes de los narcotraficantes, tuvo verdadero ascendiente moral sobre sus subordinados y fue celebrado por la habilidad desplegada para combatir a los capos de la droga como comandante de la V Región Militar con sede en Guadalajara, una de las zonas del país con mayores problemas de narcotráfico.
Las más graves acusaciones que puedan haberse hecho a un Secretario de la Defensa Nacional, único jefe militar que junto a sus insignias de general (una águila) puede usar cuatro estrellas, provienen de su rencoroso aislamiento en la prisión que menos respeta los derechos humanos en todo el mundo: “Asesino. supongo que así se les llama a quienes intentan matar a otro ser humano.Cervantes Aguirre intentó matarme en el Hospital Militar donde fui llevado contra mi voluntad, donde se me practicó un cateterismo para que muriese, sin existir motivo médico alguno. de orden superior”
La versión, que hubo un intento de asesinato por parte del jefe de las fuerzas armadas, tiene una gran credibilidad entre la elite del mando militar. No he escuchado, bajo ninguna circunstancia, a ningún jefe militar expresar una opinión favorable sobre la supuesta responsabilidad penal del general Gutiérrez Rebollo. A su manera, hermética, lo consideran una víctima. Y, lo más significativo, ya tienen un veredicto de inocencia perfectamente estudiado, emitido. No es gratuito que el cargo de “acopio de armas” que, dentro de la justicia militar, se ha levantado en su contra sea percibido como un agravio contra todos.
Ahora bien, durante el mucho tiempo dedicado a darle seguimiento periodístico al caso Rebollo, siempre permaneció sin respuesta una pregunta abierta sobre los motivos verdaderos del general Cervantes Aguirre. Desde el punto de vista civil, al menos, era poco confiable la imagen de un hombre tan poderoso como lo fue el entonces titular de las fuerzas armadas, con menores restricciones legales en su desempeño, que no sólo intenta asesinar a uno de sus subordinados sino que se comporta con tan poco “talento criminal” al hacerlo que provoca una crisis interna, un problema político grave al Estado Mexicano y no consigue su meta de terminar con el enemigo.
Tuvieron que pasar casi tres años, de comunicación fragmentada con el general encarcelado, que sólo tiene derecho a dos llamadas telefónicas a la semana por diez minutos cada una, cuyas cartas son copiadas y su contenido entregado al análisis de inteligencia militar, de encuentros con su familia, para que pudiese conocer la otra parte de “su verdad”. Que de tan común se convirtió en algo especialmente asible para la inteligencia civil, porque el general afirmó sobre su antiguo jefe: “Se las está dando de puro. dé dónde.Yo estaba en la Quinta Región Militar, yo fui quien le entregó las maletas llenas de dinero que ahora no aparecen. esa es la verdadera razón, supongo. Yo era el comandante de la Quinta cuando el general Nolasco (El entrevistado habla, con la costumbre militar de usar el segundo apellido, del general Guillermo Martínez Nolasco en octubre de 1995 jefe de la decimotercera Zona Militar con sede en Tepic, Nayarit) agarró una avioneta con esa lana y fui yo, porque así debía hacerlo, quien se la llevé a sus manos a Cervantes, como consta en actas militares. ese dinero no aparece, no lo entregaron a la PGR, ahí me enteré de todo. que no se las dé de puro ahora”
Ahí sí que hubo lógica a respetar, doce millones de dólares resultan una explicación bastante accesible. Que una vez publicada dicha entrevista no haya habido sino una aclaración, torpe y plena de prepotencia, ha venido a fortalecer esta versión. De hecho en voz del que fuese su jefe de prensa, general Efrén Martínez, el general Cervantes Aguirre aceptó que dicha suma de dólares no fue entregada a las autoridades de la Procuraduría General de la República como ordena la Ley, y que sería hasta después de que el general Rebollo (mera coincidencia) fue detenido que un juez de provincia les ordenó “ingresar” ese dinero al erario federal. Hecho sin precedente y con poco apego a derecho.
En igual de grave incoherencia, semanas después de publicada esta entrevista, la procuraduría general de la República todavía bajo la batuta de Jorge Madrazo insistiría en ratificar lo anterior, solamente que con otra fecha de entrega del dinero al erario público.
¿Cuántas maletas de dólares fueron entregadas, como aseguró Gutiérrez Rebollo, en “propia mano” al entonces titular de la Defensa Nacional sin que podamos conocer su destino?
¿A alguien le importa esto, digamos a alguna instancia del nuevo gobierno panista?

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