El Gabinete que no Decepciono

Era de esperarse.
Tan previsible como la sonrisa de Vicente Fox. O los nervios, que la empequeñecían todavía más frente al micrófono, de la señora Sahagún. No hubo sorpresa alguna en el conjunto. Como nos habían anunciado todas las vísperas son los empresarios que habrán de gobernar este país, con los criterios de productividad por los que -supongo- millones de mexicanos emitieron su voto el pasado dos de julio.
Que nadie se llame a engaño.
Todos estaban atildados como para ir a misa dominical, con la corbata roja y el curriculum en inglés, la historia personal del dinero, de los principios de libre empresa y los doctorados en el extranjero como corresponde.
Hasta la señora desconocida que se hará cargo de Turismo tenía la facha que corresponde. Supongo, como tantos miles de ciudadanos, que también habrán pasado la prueba de la pureza religiosa, que todos son correctos cristianos que cumplen con dar el diezmo puntualmente.
Nada que ver con la horripilante función pública tan plena de corrupciones. Incluso quien fue gobernador, viene de las filas impolutas del PAN aunque a sus hermanos los acusen de todo y por su orden. El señor Francisco Gil Díaz, a quien la edad le ha hecho un favor inmenso, pagó su pecado de funcionario público sirviendo a la empresa privada lo pertinente.
Ahora falta saber de qué lado habrá de mascar la iguana. Si como los pintan son, si de acuerdo a su historia personal sabrán cómo moverle a la leche antes de que se haga engrudo.
Pero eso ya es otra historia.
Lo importante es que el Gabinete Económico fue presentado con absoluto bombo y festines en el tiempo correcto. Que se cumplió con creces la expectativa, que llegó Jorge Castañeda a comprometerse, antes que ningún otro sector de la sociedad, con los empresarios que exportan sus productos. La comercialización de la “Doctrina Estrada” para que todos sepamos a qué atenernos, de Fidel Castro para abajo. Ahora sí nos meteremos en las cocinas de los países subdesarrollados donde no se habla inglés, que tendremos incumbencia en asuntos de todos sin respetar otra cosa que los dólares.
La razón del mercado multiplicada al infinito.
¿Qué no era eso lo que soñamos millones de mexicanos?
Insisto, lo más cuerdo, lo más lúcido, lo más rescatable fue la presencia de Francisco Gil Díaz. Hay que festejarle hasta su nuevo sentido del humor, su admisión valiente y primorosa de que sigue siendo priísta. Igual que su lógica referencia a comulgar cada domingo en misa.
Cuestión de estilos.
No será, no podría serlo, el país de las botas y las hebillas. Llegaron los chavos de la Ibero, del Itam, de Harvard, de las empresas transnacionales a gobernarnos. Cada uno tendrá, a partir de este primero de diciembre, el gobierno que se merece. Por el que ha luchado a brazo partido la sociedad mexicana, las buenas costumbres, el Opus Dei, los legionarios de Cristo, los ateneos de provincia y demás.
En verdad que no hubo sorpresa ni decepción alguna.
Apenas, porque es lógica la preocupación, surge la inquietud respecto a los salarios. Porque francamente, es obvio, los millones de mexicanos que seremos gobernados por tan ilustres personajes no tenemos con qué pagarles sus salarios.
¿O nos van a salir con que vienen de “hermanitas de la caridad” a trabajar gratis por el país?
Ninguno de los nombrados, no sólo se puede juzgar por apellido o por la experiencia laboral, vale en el mercado el sueldo asignado por el Congreso.
Luis Ernesto Derbez, para poner un ejemplo, ganaba en dólares. Muchos, como debe de ser. Entonces, ¿cuál puede ser el argumento para reducir sus ingresos y, además, tener que tratar con tantos zaparrastrosos mexicanos que no pronuncian bien el idioma inglés? Y así podríamos seguir con la señora Navarro, que es obvio que tenía mejores prestaciones, más futuro, en la empresa transnacional donde trabajó.
Está bien, no hay objeción alguna, que otros como Martha Sahagún tengan una motivación personal superior a la monetaria. Pero y el resto, el mismo Jorge Castañeda, cómo vamos a pagar los honorarios que se merecen.
No vaya a ser que reciban una oferta mejor y ya entrados en gastos nos quedemos sin funcionarios públicos de este nivel.

Adelante, opina: