“dime Espejito Quién es el Mejor.”

¿A quién confronta la “terna” de cuatro generales que ha sido filtrada por la gente de Vicente Fox?
El juego perverso del futurismo ha sido uno de los favoritos del Presidente electo. Quienes han recorrido en su cercanía el largo camino hacía el poder sabrán, en su íntima intimidad, cuáles son los costos de esto. Al colocar a los hombres de uniforme en la misma tesitura que algunos “buscachambas”, que otros muchos oportunistas, incluso junto a los colaboradores que deben hacer méritos frente a la opinión pública, el riesgo es distinto. Los intereses que se mueven son otros. Y, obvio, los precios se convierten en un mar tormentoso, para decir lo menos.
Independientemente de que la delicadeza no sea una de sus cualidades, bien haría Vicente Fox en medir con una vara singular al Ejército y lo que ahí acontezca, deba acaecer para bien común. O, si se prefiere, mejor haríamos los mexicanos en comenzar a exigir que así fuese.
Haber elegido de entre todos los generales, en situación legal y legítima de aspirar a convertirse a titular de las fuerzas armadas, a cuatro divisionarios de historias muy distintas obliga a un análisis en voz alta. Esta “decisión presidencial”, de la más alta trascendencia, tradicionalmente fue tomada en las profundidades del silencio. Sin que jamás se diesen a conocer la gama de motivos que inclinaron sentimientos y/o inteligencia hacía alguno de los aspirantes. A lo que debe agregarse el desatino, o como quiera llamársele, de anunciar que se sabrá el nombre del próximo titular de las fuerzas armadas antes del final de este sexenio, que es coincidente con los ascensos del 20 de noviembre.
Usos y costumbres de un mando que jamás ha sido compartido no deberían, al menos así lo indica el sentido común, trastocarse.
El conocimiento personal, por parte de los políticos, no ha sido uno de los factores a tomar en cuenta. Pocos civiles, excepciones siempre, conocen a los protagonistas militares.
Es pues, ha sido en los últimos sexenios, una decisión que suele tomarse por instinto. A ciegas, sobre el papel que tiene datos, cifras, historiales sin traducción. La curricula militar no avala ni niega, no permea en ningún ámbito de la inteligencia política aquello que será esencial para el primer mandatario.
Los Presidentes suelen, era la costumbre, acertar. En otros tiempos, incluso al equivocarse lograban decidir bien. Tan generoso es el uniforme, tanto honran las insignias sobre los hombros de los generales, la historia personal detrás de cada cual.
Hoy, en este especial “hoy” tan ponderado por Fox, las realidades son muy diferentes.
Quien sea habrá de recibir un Ejército con escisiones, crisis, atrasos, malestares, confusiones internas graves, y peores agravios. Para ser generosa en la apreciación. A la vez que tendrá, obligadamente, que desempeñar un papel inédito en los pasillos del poder civil. Que no será fácil, incluyendo la “amenaza” para ellos de la llegada de un civil a encabezar su mando institucional, lo que habrá de ser el más grave de los errores, además de un paso que se advierte imposible en las condiciones actuales de las fuerzas armadas.

Cualquiera de los cuatro generales habrá de serle leal a su mandato constitucional. Pero en la forma está, como nunca, el fondo.
Porque, y esta es la materia que tendría que impactarle profundamente a la sociedad civil, no será igual la obediencia del general Mario Renán Castillo, José Domingo Ramírez Garrido Abreu, Mario Delfino Palmerín o Luis Montiel.
Es cuestión de carácter, de edad, de formación, de acercamiento vital con el universo en sí.
¿Queremos un titular de las fuerzas armadas que le diga que sí ciegamente a su jefe, no obstante cualquier cantidad de temas a discutir? ¿Sería lícito esperar que un jefe militar le diga que sí a un mandatario que pudiese no comprender el sentido de la Constitución o de las leyes que nos rigen?
Ya en su día Carlos Salinas de Gortari intentó, no una ni dos veces, que las fuerzas armadas actuasen fuera de estos marcos legales. Como el general Antonio Riviello Bazán es hombre formado con otros valores no habremos de conocer su testimonio, pero otra sería nuestra historia si no hubiese optado, institucional, por recordarle a su jefe las obligaciones constitucionales del Ejército.
¿Queremos, los militares y los civiles, un jefe que en la práctica haga lo que niega en sus discursos? ¿Queremos un jefe militar que ordena que las leyes se desobedezcan? Se dan casos.
¿Quién es cada uno de los cuatro generales que conforman la terna oficial? Habría que puntualizar lo bueno, lo cierto, lo que a veces se les olvida a los civiles: nadie llega a general de división de manera gratuita.
El encanto de los “jóvenes” generales, Palmerín Cordero y Garrido Abreu, se parece. Al menos en la dosis de vanidad medio domesticada, en el aire de perdonavidas que los ha acompañado en mejores días, en la mirada plena de soberbia castrense que es, siempre, doble soberbia.
No podría pensarse en generales de mejor figura física, más bien plantados y hasta “guapos” para quienes sean generosos con el paso del tiempo. Pero no se trata de competir con los portentos sexuales del Subcomandante.
Ambos tienen una historia familiar como de película mexicana, todo color de rosa, incluyendo hijos correctamente educados y esposas suavemente abnegadas. Nadie puede olvidar que tienen su problema económico resuelto. Los dos vivieron en el extranjero, Garrido Abreu es hijo de un piloto aviador, sobreviviente del Escuadrón 201. Palmerín Cordero presume de su condición física (no sólo de esto) como “paracaidista”, y también en cuanto a conocimientos teóricos. A seductores pocos les pueden ganar.
No pasan desapercibidos. El estilo de Palmerín es singular en este sentido, porque si como jefe de zona en Oaxaca solía desplazarse con decenas de soldados, vehículos militares, blindados, no quiero ni imaginarme el aparato de seguridad que utilizaría. Sobre José Domingo baste revisar su conducta como jefe de la policía del Distrito Federal, cuando sólo le faltaba apagar los incendios.
Mario Renán Castillo es un hombre de suavidades, de inteligencia, de conocimiento profundo sobre la naturaleza humana. Físicamente está situado en el otro lado de este cúmulo de vanidades que podrían llenar páginas con su descripción. Para él, como para muchos otros militares, el uniforme es algo de respeto, de vocación, de entrega. Diría que hasta de soledad.
Su atractivo es muy distinto. Es el marido ejemplar, excepción grande dentro de los parámetros castrenses. Es un padre amoroso que vive con toda su piel las circunstancias de sus hijas, una de ellas viuda de un militar, que adora a sus nietos. Que da la vida por sus subordinados. Que viene de vuelta del poder, desde siempre, casi tanto como de las corrupciones de otros.
Es, a su manera, el más seductor de los tres. Es un hombre de principios que un día envió a la cárcel a quien le ofreció un soborno, un hombre de mano suave que no tiembla jamás, pero que también sabe cuál es el costo de una orden mal dada. Es un hombre de reconciliación, de comprensión, de análisis sin apasionamientos. Un intelectual respetado entre sus pares.
Renán Castillo es el tipo de hombre, militar o no, en que se puede confiar. En las mejores mañanas, pero también en las peores circunstancias. Aquel a quien se le puede abrir la puerta de la casa pero, en especial también, se le puede pedir protección.
Incorporado a último momento a la “terna”, por instrucciones precisas de la gente de la oficina de Vicente Fox, el general Luis Montiel es un hombre serio, compañero en la generación del Colegio de Defensa del actual Secretario, pero ligado sobretodo al general Antonio Riviello con quien colaboró muy cerca durante muchos años. Y esto es, en verdad, una garantía. Baste recordar lo estricto que ha sido, siempre, en todos sentidos el anterior Secretario de la Defensa Nacional. Si alguno, la recomendación del general Riviello Bazán, es aval de sobra. Actualmente es comandante de Región en Veracruz, lo que no es tema sencillo. Es un general inteligente, afable, con especial sensibilidad para los medios de comunicación, que es ganancia en todo sentido.
Todo indica que la elección presidencial habrá de recaer en cualquiera de estos cuatro generales, sobre los que queda mucho a decir. Cada uno le ofrece un mando distinto, una garantía diferente aunque concurrente de lealtad, al próximo Presidente. Cada cual le ofrece a los mexicanos un Ejército muy diferente. Falta saber si los mexicanos coincidiremos con Vicente Fox, a qué costo.

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