La Urgente Urgencia de la Seguridad Publica

Si algún pendiente habrá de quedar de este sexenio, con números rojos y la mayor irritación social, será el problema de la inseguridad pública en la gama más grande a imaginar, desde la imposibilidad del ciudadano para vivir sin miedo hasta la derogación en la práctica del artículo constitucional que definía al mexicano inocente hasta probar lo contrario.
El retroceso en la materia, así como la incapacidad oficial para enfrentar los graves problemas existentes, ha sido tan grande que no hay forma lógica de describirlo. No al menos sin instalarse en el genero literario del horror.
De ahí, obvio, que el reclamo social más grande para el gobierno del Presidente Vicente Fox sea, justamente el de este ámbito.
Y, por tanto, una de las preocupaciones más severas tenga relación con la aparición en el panorama del señor exsenador, exprocurador de Chihuahua, Francisco Molina. Sus antecedentes, su manifiesta incapacidad para resolver los problemas de justicia en esa entidad, su relación con policías corruptos y asesinos, tendrían que tener a millones de mexicanos en alerta. Resulta, como en el caso de Francisco Barrio, inexplicable su vinculación con un gobierno que se pretende diferente al de sus antecesores.
Imposible tener esperanza con el responsable de las investigaciones abortadas, que nunca llevaron a establecer responsabilidades, que intencionalmente no fueron dirigidas a encontrar a los culpables de las desapariciones, violencia, crímenes de mujeres en Ciudad Juárez.
Si eso, la impunidad para los criminales y narcotraficantes, es lo que nos espera habría que pedir desde hoy perdón a quien corresponda, así sea priísta.
La incapacidad para impartir justicia, para combatir el crimen no es imputable a ningún partido político. Ahí está el ejemplo perredista de la policía auxiliar donde las denuncias de Alejandro Gertz Manero sobre malos manejos, en muchos millones de pesos, no han prosperado supuestamente por instrucciones de Cuauhtémoc Cárdenas al procurador Samuel del Villar, cuya presencia en la escena pública habrá de ser recordada por la cantidad de yerros cometida.
¿Cuántos inocentes habrá puesto detrás de las rejas, por intereses político y/o personales, por incapacidad el Procurador del Villar? Proporcionalmente no menos que cualquier otro funcionario priísta, aunque con una dosis de escándalo superior. Ahí está, como ejemplo de la incapacidad política supina, el enfrentamiento con Miguel Angel Yunes que no sólo es de principiante sino que lesiona los principios jurídicos más elementales.
Ramón Sosamontes fue llamado como emergente a dirigir la policía auxiliar en un intento suicida de calmar los ánimos, supongo que también de ocultar lo posible de la corrupción por orden superior en esa corporación. Ha comenzado por admitir que existen “lagunas legales”, cuando tendría que haber dicho que lo que no ha habido es voluntad política.
Por su parte, la única que puede despertar alguna esperanza a futuro, José Luis Reyes, el otro asesor en la materia del Presidente Fox, ha insistido en que la pretensión, tan ambiciosa como simple, será: “un estado de derecho real, en el que las autoridades de seguridad pública sean protectoras de la sociedad y no motivos de temor para los ciudadanos”.
Aunque en su exposición de motivos, a continuación comete un error grande al asegurar que los mexicanos le exigimos a Vicente Fox que saque las manos, como mandatario en funciones, de la procuración e impartición de justicia.
No es cierto, de lo que estamos hartos es de que los poderes se responsabilicen mutuamente de sus errores, de que el Presidente de la República diga que no conoce de la materia cuando se trata de cometer injusticias, de encarcelar a inocentes, de actuar sin pruebas contra personas que simplemente no están en el ánimo del Procurador.
Eso es lo que no queremos, porque lo fácil es, ha sido durante todo este sexenio, asegurar que se le ha permitido todo a la autoridad, a los procuradores. Cuando en la práctica esto sólo ha querido decir que ha habido una indiferencia, una abdicación de sus facultades que en la práctica ha sido nefasta, que sólo nos ha llevado hasta los peores resultados.
En esto se equivoca el señor José Luis Reyes, la única posibilidad real de cambio en ese ámbito de aplicación de justicia, el único protagonista que no tiene -hasta el momento- cola que le pisen, porque lo que queremos los mexicanos es que alguien, el Presidente en especial, se responsabilice de que todo lo que está mal cambie.
Esa es la más urgente de las prioridades para el próximo gobierno.

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