Los Pendientes del Procurador

¿Es Mario Villanueva Madrid un asunto que queda pendiente en la Procuraduría General de la República?
Es obvio que sí. Pero en sentido inverso. Porque lo más engorroso no ha sido la incapacidad demostrada para detenerlo, como si se le hubiese “tragado la tierra”, sino aquella para probar su responsabilidad penal. Y no sólo en el caso del exgobernador de Quintana Roo sino de todos los implicados en el mismo expediente, la mayoría ya libres después de largas semanas en la cárcel o en arraigo domiciliario.
O sea, para que nos quede claro, lo que no han podido encontrar no ha sido tanto al “prófugo” sino las pruebas de los ilícitos por los que se le persigue. Y no es el único.
Si la televisión no fuese mojigata al respecto podría crearse una gran serie de episodios al respecto, o un espectáculo como los que dirige Carmen Salinas.
Podría iniciarse con un episodio sobre la captura de Chapa Bezanilla a quien no se logró comprobar ningún delito, ni siquiera el de enterrador clandestino.
La lista es enorme. Comenzando con don Samuel González Ruiz, un oscuro bibliotecario sin experiencia alguna en materia penal que fue “descubierto” por el procurador panista Antonio Lozano Gracia y elevado a autoridad, por no decir dios, por Jorge Madrazo Cuellar. Los peores desaciertos de este sexenio tienen su autoría, incluyendo obviamente el expediente de Cancún que sólo dolores de cabeza le ha provocado al gobierno.
Confiar en este personaje no fue un error sino la barrabasada más grande e injustificada, sobre todo por su poca honestidad. Y es que sólo así, poca honestidad, puede calificarse que se haya quedado con varias de las “recompensas” que la propia PGR ofrecía por la captura de delincuentes. A lo que debe agregarse la irrupción en escena de Jaime Olvera Olvera, el “testigo protegido” que ha llevado a la cárcel a inocentes, así como provocado la controversia más grave al respecto.
Olvera era, supuestamente, el chofer de uno de los hijos de Amado Carrillo. Protegido por Samuel González Ruiz, coordinador de la fiscalía especial para combatir el crimen organizado, hizo declaraciones al por mayor con objeto de obtener impunidad y chamba como su ayudante.
Para documentar el horror cotidiano el responsable de destruir las grandes bandas criminales tenía, como se oye, como “madrina” a un delincuente que, además, tenía graves trastornos mentales. Esto admitido por Madrazo Cuellar en declaraciones al New York Times.
Como se aburría, el señor Olvera Olvera le pidió a su jefe que lo diese de alta como judicial federal. Enfermo de lo mismo, como quiera llamársele, el señor Samuel González le pidió a cambió otras “declaraciones”. Estas bajo su propio guión, incriminando a quien se le ocurrió.
Luego hubo un mal negocio de Olvera con un grupo de narcotraficantes, desde la propia PGR, que le pagaron con su ejecución. No por lo que había declarado que a los narcos les producía carcajadas sino por quererse quedar con un buen número de billetes verdes.
Para premiar su desempeño el excomisionado fue enviado, obviamente le sobra dinero para divertirse en ese país, como cónsul a Sevilla.
Si eso no es un pendiente.
Y luego lo del suicidio del oficial mayor, el íntimo amigo del Procurador Madrazo Cuellar, que no ha sido suficientemente valorado. No en cuanto a la investigación respectiva sino a los dineros de los decomisos, un tema que podría meter en camisa de once varas a muchos personajes importantes. El señor que supuestamente cuidaba de los “bienes asegurados” anda desaparecido desde la muerte de Manuel Izábal Villicaña. Y muchos creen que no hay interés dentro de la PGR por encontrarlo.
Otro de los “pendientes” de esta administración será, definitivo, la impunidad otorgada al cartel de los Arellano Félix.
Aseguró ante los diputados, en su última comparecencia, el abogado Madrazo Cuellar que si fuera por voluntades en el país no se cometería ningún delito. Lo cierto es que la voluntad, por llamarla de alguna manera, para detener a quienes sí los han cometido con absoluta impunidad, dentro y fuera de la casa gubernamental, no ha sido vista por la sociedad.
El Procurador, como expresión de su personalidad, afirmó haber sido “traicionado” en 550 ocasiones por servidores públicos de la PGR, mismas ocasiones en que se ejerció la acción penal correspondiente. ¿Por qué Samuel González Ruiz, entonces, goza de cabal salud en Europa?
¿Por qué “el camino correcto”, como suele decir Madrazo Cuellar, no ha pasado por las guaridas de la banda de narcotráfico más sanguinaria, más violenta, más corrupta que se recuerde? ¿Por qué los secuestros, las ejecuciones, los crímenes siguen siendo pan de todos los días en la frontera?
Y eso que mejor no hablamos sobre la investigación del cardenal Posadas, de Luis Donaldo, de Ruiz Massieu.

Adelante, opina: