¿Dónde Estan las Pruebas Contra los Militares ?

A punto de cumplir tres años en la prisión, donde no existe respeto alguno a los derechos humanos, de Almoloya otro general insiste en romper en silencio. Supongo que busca escandalizar a la sociedad, pero sobre todo llamar la atención a su situación. Bastante tiempo estuvo en silencio Jesús Gutiérrez Rebollo.
Su tragedia pertenece al ámbito de la literatura con mucho.
Para quien no conozca los orígenes de su detención, o por lo menos parte de su trayectoria en el combate al narcotráfico antes de llegar a convertirse -por orden superior- en el efímero zar antídrogas, vale la pena retomar los hechos. En 1989 el general ahora preso era jefe de la zona militar en Sinaloa, donde sin existir orden de aprehensión en su contra ni tratarse de un asunto de su ámbito, dentro de su estilo, detuvo a Amado Carrillo Fuentes. Simplemente por tener la convicción de que se trataba de uno de los jefes de los carteles del narco que operaban en la zona.
Ese fue, justamente, el problema. No existían ilícitos ni flagrancia, nada más que la certidumbre del general Gutiérrez Rebollo. Bajo ese razonamiento, de alguna manera no ortodoxa ni apegada a las reglas, durante varias semanas buscó de qué acusarlo. Al no encontrar mayor evidencia, lo entregó a Javier Coello.
Quien detuvo, el primero que colocó detrás de las rejas a Amado fue el excomisionado, el general de tres estrellas que hoy ha señalado al general Cervantes Aguirre como quien le “ordenó” incrimar a Liébano Saénz, Quirós Hermosillo y Mario Arturo Acosta Chaparro.
Una vez que el poderoso delincuente llegó a la PGR siempre en 1989, donde Javier Coello era Subprocurador, también sin mucho espacio para las normas vigentes, se le detuvo por varias semanas. En total Amado permaneció, entre la zona militar de Sinaloa y la calle de López, aproximadamente tres meses en cautiverio.
Coello pretendió apegarse a la Ley, encarcelarlo legalmente, para lo que no encontró ningún elemento en su contra. Se llegó a excarcelar a alrededor de 60 delincuentes menores (burreros, etc.) para intentar obtener algún testimonio en su contra. Al no producirse éste no hubo más remedio, ante lo prolongado de su detención, que consignarlo por portación de armas, concretamente por una pistola 45 con cacha de oro y diamantes. El juez lo dejo en libertad casi de inmediato.
Es a partir de esta detención del “señor de los cielos”, que el general Gutiérrez Rebollo se da a conocer como su enemigo.
Sin embargo, poco tiempo después de haber sido detenido en febrero de 1997, de hecho mantenido incomunicado en el hospital militar, como pruebas de la relación delictuosa entre Gutiérrez Rebollo y Amado Carrillo las autoridades exhibieron una ánfora de tequila con el nombre del narcotraficante. La que supuestamente fue encontrada en otro departamento del mismo inmueble, junto con 10 mil dólares (los narcos manejan cifras muy diferentes), un “cuerno de chivo” y una carta dirigida al “señor de los cielos”.
No hay pruebas, no hay testigos, no hay nada en concreto contra el general Gutiérrez Rebollo, que a diferencia de los generales hoy detenidos sí enfrenta a la justicia civil pese a su insistencia en asegurar que nunca estuvo comisionado en la PGR, sino que siguió dentro del Ejército.
Entrevistado telefónicamente en Guadalajara, el general Rebollo hizo al diario Milenio revelaciones que van a crear, todavía, mayor confusión en el escándalo narco-militar que ha acaparado la atención pública. Entre ellas asegurar que tiene información sobre vinculaciones de la familia política presidencial con delincuentes.
Lo que viene a fortalecer mi versión inicial, y la de muchos otros analistas. El pecado del general Gutiérrez Rebollo fue inmenso, pero no fue el del narcotráfico.
Y conste, para el análisis posterior, que todavía está pendiente incluir el tema del poder militar en juego. De los grandes enfrentamientos por el mando en esa Secretaría desde hace tres años.

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